Entre las tantas características que definen a una persona enamorada, no podemos dejar de mencionar aquella obstinación, casi podríamos decir "desesperación" que tienen por ganar. O más que al hecho de ganar deberíamos referirnos al hecho de "no perder". Recordemos que una de las características del amor de pareja es que éste mismo suele ser egoísta, y que es muy raro que una persona enamorada ande con una cara de feliz cumpleaños pensando que la persona que tanto ama ya va por el 18º orgasmo de la noche con otra persona; y que a la frase "si, yo quiero que sea feliz" siempre se le agrega un implícito "pero gracias a mí" en el fondo de nuestros pensamientos. Si, admitanlo.
Entonces, una persona enamorada va a hacer todo lo posible por no perder. Más que nada porque el objeto de su deseo es uno de los bienes más preciados que posee (o en uno de estos múltiples desgraciados casos no posee).
Incluso cuando ya todo está perdido, cuando ésa persona no le pertenece, lo repele, le escupe en la sopa, o peor aún: lo ignora (el peor castigo que se le puede dar a un/a enamorado/a), el embelesamiento propio del amor, que muchas veces tiene demasiado de obsesivo, pondrá en marcha un sentimiento muy contraproducente: La esperanza, que es una simple extensión de la condena a la que se está sometido.
Una persona enamorada, entonces, hará todo lo posible por ganar un juego que ya no se está jugando más. Seguirá pateando tiros libres contra un arco sin arquero ni barrera, y sin compañeros de equipo. Seguirá apurandose para llegar primero a un mostrador en el que no hay nadie, y pegará afiches de campaña durante meses e incluso años después de haber perdido las elecciones.
Por eso es que es tan útil para un enamorado frustrado el hecho de poder darse cuenta de cuando el juego acabó, y ya no hay nada que hacer.
Desatentamente: Elías Alejandro Fernández
Pretender la paz mundial
Hace 10 años