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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Los viajes de egresados y el sexo: La verdad sobre ellos

Trataré hoy un tema que es la ilusión de millones de estudiantes que transitan 5º año (o 6º en una escuela industrial): Ponerla en el viaje de egresados.

Aclararemos primero que el término "ponerla" hace referencia también al que hecho de "que te la pongan", ya que en este blog no hacemos diferencias, y sabemos que hombres y mujeres deben ser tratados como si fueran iguales.

Primero que nada hemos de desmentir una frase cuasi mitológica con respecto a estos viajes. Esa que dice que "Lo que pasa en Bariloche, queda en Bariloche". Mentira. Hay ciertas cosas que se empeñan en volver con nosotros a casa, como por ejemplo la cirrosis, la sífilis, el sida y demás cosas comenzadas con "si" (como "Silvana", "Cinta scotch" y "Bohemian Rhapsody", aunque esta última comienza con Si bemol).
Luego de comparar mi viaje de egresados con el de algunos amigos, compañeros y ex novias con las que no estaba en relación en ése momento, para beneplácito de mi cabeza, que tendría que sostener unos cuernos de 3 toneladas, llegué a la conclusión de que en bariloche hay 3 formas de conseguir tener sexo seguro, sin mencionar honrosas excepciones. A saber:

a) Tener la suerte de encontrarse con una chica muuuuuuy ligera.
b) Ser una chica muuuuy ligera.
c) Alcohol, alcohol, drogas y más alcohol. (Lo que sumado a "sexo" dá "Rock and roll")

Recuerdo todavía ésa noche en la fiesta de disfraces de no me acuerdo qué boliche, en la que me encontraba físicamente descompuesto, tirado contra un rincón, cuando de repente apareció Caperucita Roja de la mano de un chico cuyas hormonas se olían desde afuera del local, y comenzó a fornicar con él en ése mismo instante. "Hay teatro porno", pensé yo, mientras seguía tomando un Daikiry del tamaño de un bastón de policía. Después de 5 minutos, parece ser que la tierna y rubia niña no se contentó con este muchacho, por lo que apareció un rato después en el mismo rincón con otro, al parecer de mejor madera que el anterior (estaba disfrazado de pinocho). Ahora si. A través de mi máscara de alienígena podía ver como la cara de Caperucita Roja se deformaba en facciones de placer, saboreando el dulce licor de la sensualidad y la pasión, entre cataratas de... eh... perdón... me dejé llevar...

Pero también recuerdo los miles de testimonios de compañeros, amigos y ocasionales compañeros de parranda, diciéndome "yo lleve una caja de forros a Bariloche y volví con la caja entera". Si, señoras y señores. Yo también llevé a mis preservativos de paseo al sur durante una semana. Y encima estaba en una relación. Pero evitaré esos pormenores y el detalle que desde Buenos Aires una ex novia celosa fué capaz de arruinarme el viaje al menos por 3 días.

Así que eso de "si nos organizamos, garchamos todos", no sé si será una vil mentira o una clara señal de lo desorganizados que son los estudiantes de 5º año.

Conclusión: Caperucita Roja es puta. Y transar es fácil, pero tener sexo no tanto. Y yo soy un idiota, por permitir que me arruinasen mi viaje de egresados y ahora sentir celos cada vez que me nombran uno. Viva yo.

Desatentamente: Ellioth Gangwolf Mess

P.D.: Una curiosidad muy especial: Los cohordinadores suelen ser los más bananas del grupo, y sin embargo son los que más tocan piel.
Conclusión: Tengo que hacerme una lobotomía.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Recuerdo haber visto ésa mirada en otros ojos.
Un tipo de mirada que de ninguna forma puede ser regalada. Es más, me atrevería a decir que ni siquiera puede ser finjida de manera alguna. Ésa mirada brillante y enternecida. Repleta de ilusión. Ésa mirada que busqué en google y que de ninguna manera pude encontrar. Porque creo que retratarla debe ser tan complicado como fotografiar un accidente automóvilístico. Ésa mirada...

Ésa mirada me salvó el día la semana pasada.

Recordé que esas cosas existen.

Aunque no caigan del cielo.

Ellioth Gangwolf Mess


P.D.: No tengo pc hasta nuevo aviso. Pero tengo mis recursos, como verán (h)

Ellioth Mess siempre tiene un as (un culo) bajo la manga.

lunes, 17 de agosto de 2009

Fechorías inofensivas (mudanza online)

Como sabrán algunos de ustedes, queridos pentaplantígrados amigos de este espacio, he modificado con total satisfacción mi dirección de e-mail. ¿Y para que me he tomado esta molestia, preguntaran ustedes?

...

*Pasa una señorita vestida de colegiala con un cartel que dice "Disculpe las molestias, estamos reorganizando el espectáculo" y realiza un strep tease luego del cual termina por arrancarse la máscara y revelar su verdadera condición de Mario Pergolini, que de algo tenía que estar trabajando, provocando que muchos hombres -y algunas mujeres- vayan al pasillo a meditar en que acaban de ratonearse con el que le ponía la voz a la publicidad del Pepsi Music*

...

Decía, señores. Que la principal causa de este cambio es un saneamiento de contactos.
¿Y qué contactos debo sanear? (No, Mario, de nuevo no)
Bueno, muy simple: Hará unas dos semanas, en mi afán de psicoanalizar a casi al totalidad de la población allegada a mi persona, preocupándome demasiado por sus problemas, desventuras o levantes fallidos, le pregunté a un individuo que tenía entre mis contactos qué era lo que lo tenía mal. Su respuesta me hizo desear tener el librito de Death Note entre mis manos y anotar la palabra "pelotudo".
"Es que no sé qué hacer con mi flequillo... Boludo! No se me queda fijo! No puedo salir así a la calle, se me mueve para todos lados, me queda cualquier cosa!". Cuando ya estaba a punto de meterme por el scanner para llegar a la casa de esta "persona" y estrangularlo, el sujeto agrego: "ayer no fuí a bailar por eso", lo que bastó no para tranquilizarme, pero al menos para sumirme en una profunda dicotomía acerca de lo que quiero y lo que no. Sabrán ustedes que detesto los boliches.
Después de este ejemplo comprenderán qué tipo de contactos he de sanear.
El segundo motivo es la simple transmisión por vía oral de la dirección de mail. Imagínense: mi anterior mail era "heeelias@hotmail.com". Intenten pronunciarlo y que alguien comprenda qué es exactamente lo que debe escribir. Es más fácil hacerle comprender a un orangután que las bananas son amigos, no comida.
Mi nueva dirección, de todas formas, tiene otro inconveniente: No crean que tanta gente hoy en día conoce la palabra "fechorías". Por ende, al decirle a un jovencito desesperado por mantener su flequillo pegado al cráneo "bueno, agregame... fechoriasinofensivas@hotmail.com", posiblemente nos encontremos con una respuesta tal como "kaskaskaskaskas ke es 'fechorias'?". Aunque supongo que esto de por sí funciona como un filtro. En fin. Por suerte existe la palabra escrita. Lo digo para poder transmitir mi dirección de mail, no para intentar ilustrar a este tipo de personas.
El tercer motivo es simple: "Porque se me cantan las pelotas", como dirían en mi barrio. "Because my balls are singing", como dirían los ingleses.

¿Y por qué "fechoriasinofensivas"? se preguntarán ustedes *dice, observando que la mitad del auditorio ya se ha retirado y la otra mitad está observando una riña de gallos en la mitad del vestíbulo*. La respuesta es simple: ¿Acaso cometo otra cosa, yo?
Volver a las 3 de la madrugada en colectivo cantandoa los gritos temas de La Renga con un grupo de rollingas que acababa de conocer ahí mismo.
Hacerme pasar por un disminuido motriz caminando como si estuviese bailando la danza del tallarín para poder usar el baño para discapacitados porque el de hombres está -paradójicamente- repleto.
"Tomar prestados" alfajores y chocolates de un millón y medio de kioscos de Buenos Aires (si, señores... yo los tomé prestados... pero no van a pretender que devuelva lo que ya digerí).
Crímenes menores que no le hacen mal a nadie. Acciones propias del cavernícola refinado que soy.
Fechorías inofensivas de un caballero degenerado.

Ok, me dió hambre.

Adios

Desatentamente: Ellioth Gangwolf Mess

martes, 11 de agosto de 2009

Fuera del sistema

En esta vida que nos toca vivir, lo queramos algunos o no, vivimos bajo contantes presiones que imposibilitan nuestra atmósfera de bienestar... Bueno... digamos que imposibilitan acercarnos a una... si es que existe.

Es por eso que quiero sacarme algunas de esas presiones de encima.

Y es por eso que a partir de este momento...

ME DECLARO FUERA DEL NEGOCIO DEL LEVANTE

Pido a un Juez que lo certifique.

Y si se me dá se me da.

Pero yo ya no lo voy a buscar mas. Es un quilombo.

Saludos a todos, feliz día del pingüino con reuma.

jueves, 6 de agosto de 2009

Las crónicas de Hernia. Hoy: El cabaret de Lavalle

Buenas tardes, niños y niñas, y bienvenidos a la primer edición (al menos en esta página) de las crónicas de Hernia. Crónicas acerca de la simple y ajetreada vida de un chico que aspira a ser un rock and roll viviente y que apenas llega a ser una balada movidita. Épicas historias arrancadas de la vida misma.

En esta edición, he de contarles lo que me sucedió el día de hoy, mientras hacía tiempo paseando por la calle Lavalle para ir a buscar cobrar mi comisión al call center donde trabajé durante unos largos tres días, antes de empezar a sugerirles a mis clientes menores de edad que jamás de los jamases trabajasen de eso.

Me encontraba paseando yo por esta calle, cuando de repente una chica con un folleto me detiene. Me muestra un folleto acerca de un lugar donde se daban espectáculos de tango, mientras me decía que era un bar tipo pub que a la nochecita se hacía boliche. Por supuesto, había algo que no cuadraba entre el folleto y el lugar que me describía la señorita, pero en la maravillosa mente de Ellioth Mess la burocracia sináptica es muy lenta, y cuando captan que algo anda mal, el resto del cuerpo ya se encuentra en un lugar oscuro, demasiado antro, rodeado de señoritas ligeras de ropa.

Empezaré por explicarles a los lectores que nunca pensé en pagar una prostituta, y mi intención es no hacerlo nunca. Considero que el sexo no es algo que deba alquilarse, o comprarse. De por sí que detesto el dinero, aunque me gusta poseerlo (precisamente para gastarlo), y digamos que usar ése valor tan detestado por mí para conseguir placeres carnales no me llama. Pero más allá de eso, sencillamente tengo ciertos códigos, y considero que el sexo es algo que uno tiene que ganarse, de una forma u otra. Y me parece de lo más bajo pagar para eso.
Es por eso que mi respuesta no fué afirmativa cuando la chica que me sentó en el sillón (que por su acento y fisonomía no había de haber nacido más al sur que Jujuy) me preguntó si alguna vez había estado antes en un cabaret. Ni bien me senté dije que no tenía tiempo, que sólamente había ido a mirar. De más está decir que me retuvo, y que comenzó a hablarme de lo bien que la podía pasar ahí, de los precios en los que estaban disponibles los shows, los tragos o las sesiones de sexo. Mi respuesta fué simple: "Tengo que estar en 5 minutos a 20 cuadras de acá".
El momento crucial fue cuando, sin haber pedido en ningún momento nada para tomar, nos trajeron dos tragos. Uno para cada uno. Fué en ese momento cuando pensé mñas que nunca: "tengo que salir de acá como sea". De más está decir que ni siquiera toqué ese vaso repleto de un líquido azul oscuro, con fondo negro. Ultimamente se me dió por conservar mis riñones en su lugar. Es una buena elección, lo recomiendan todos los médicos. Así que no tenía ganas de despertar en una zanja con medio cuerpo tajeado. ¿Era posible que esto no pasara? Por supuesto. Pero ya que dicen que nadie murió por trabajar pero que es mejor no hacer la prueba, decidí aplicar este precepto a la situación que estaba viviendo.
Miré la hora en mi celular. "Me tengo que ir YA", dije. Me levanté y me fuí a la puerta. Me dieron una tarjetita, no sin antes decirme: "Tenés que pagar el trago. Son $40".
-"Ey, pero yo no pedí nada" - Fué la lógica respuesta de un joven que quiere retirarse sin tener que dejar $40 en el camino.
-"Pero te lo preparamos y te lo trajimos, lo tenés que pagar"
Intenté dirigirme hacia al puerta, pero me cerraron el paso. Eran 5 mujeres. Afortunadamente, ningún varón. Pero no creo que fuesen precisamente a hacerme mimos. No al menos sin pagarles antes. Así que abrí la billetera y saqué $40.
-"No, $40 cada trago. Tenés que pagar el de la chica, también."
-"Pero no tengo más que $60"
-"Bueno, poné $20 más y mostrale a la chica que no tenés nada mas"
Lo hice. Acto seguido se apartaron de la puerta. Salí a la peatonal, puteando por dentro, pero tomandome las cosas con una calma que raras veces tuve en estas situaciones.

Yo quería un morral. Ahora no hay plata ¬¬

Mah si. Yo me voy a llamar por teléfono a esta señora. Seguro que soluciona todos mis problemas. Inténtenlo. Y no se olviden de que "lo importante es el amor" 4767-1534

P.D.: Posta, llamen. Carajo.

Desatentamente: Elías Alejandro Fernández